
Un libro breve que recoge doce relatos, cuyas historias, aunque no tienen nada que ver entre ellas, sí tienen unos puntos en común. El principal y presente en todos es el cuadro de Argentina donde se desarrollan, una Argentina de a pie, con gente de la calle, que queda de manifiesto en el lenguaje vulgar usado por muchos de los personajes. Otro punto en común es que sus protagonistas, las de todas las historias, excepto una, son mujeres, cosa que hace cuestionarse por qué en una de ellas no lo es. Y otro, quizá el más importante, es que las historias no son historias de horror convencional, ese más bien sobrenatural o repleto de asesinatos. Se trata de uno que crea en el lector una incertidumbre de miedo real, pues las cosas que cuentan son tan mundanas, en lugares tan cercanos, que uno se pregunta por qué no le iba a pasar a uno mismo, si suceden en la calle, en su barrio, en su casa, con sus amigos o con su pareja. Si uno se para a pensar es cuando llega la angustia de verdad, la angustia de que te pase a ti.
«Cuando me siento a escribir, ya hay una idea que vengo trabajando. El arranque lo escribo en mi cabeza. Y el material lo saco de todos lados, de la calle». dice su autora.


